Gigi, mi querido Gigi, todo es tan distinto sin ti… Peumayen está vacía y parece que nadie se da cuenta, pero yo sé que de este puerto no zarparán más barcos; tú te fuiste en el último y no me esperaste, te fuiste aquella tarde sin decirme nada, sin un “hasta luego”, sin un “adiós”. Te marchaste en el último barco y me dejaste aquí sola, sin nadie, sola con toda esa gente que no te echa de menos porque no te ha perdido, gente de la que no te has marchado. ¿Dónde estás, Gigi? ¿Por qué no vienes a buscarme? Me prometiste que me llevarías contigo, pero ya no quedan más barcos.
Esta tarde he salido a la calle, no llovía, pero el tiempo ya se llevó lo poco que quedaba de ti. Las farolas, el viento, las piedras maltratadas… ya nada huele a ti, ni siquiera aquella esquina del último “te lo prometo”, ni siquiera bajo tu ventana que ahora siempre está cerrada. La ciudad ya te olvidó, sigue su curso, pero yo sé que ya no pertenezco a ese mundo donde nadie te ha conocido. Todo gira a mi alrededor mientras yo me quedo quieta, y no comprendo cómo afuera la vida sigue su curso. Peumayen cree que sigue siendo la morada de los sueños, pero tú y yo sabemos que no es verdad, que de este puerto ya no partirá más magia, que los sueños se quedarán aquí para siempre y nunca cobrarán forma lejos de estas fronteras, de este mar que lo separa todo. Esta tarde me he preguntado cómo la gente puede vivir cuando te has ido, cómo pueden sonreír y tener un motivo por el que seguir andando. Yo sigo aquí, consternada, viendo como soy yo la única que no tiene sentido; sigo aquí, en medio de la calle, buscándote, pero no estás. He pasado por los mismos sitios por los que pasé contigo, ahora no son del mismo color. He pisado nuestras viejas huellas y, quién sabe, quizás haya respirado el mismo aire que respiramos juntos hace tiempo. Voy caminando y, sin darme cuenta, me llevo a los lugares que compartimos, todo me recuerda a ti, todo me duele, no sé por qué, Gigi, no sé por qué tengo que hacerme tanto daño.
Todavía recuerdo el día en que te conocí, ese 13 ó 14 de abril que espero olvidar pronto. Llegaste con aquella mezcla dulce y amarga que yo creí que me lastimaba, pero por aquel entonces no sabía lo que era eso. Recuerdo ese día como recuerdo tu promesa, con odio, con rabia, con dolor, con nostalgia, con la maldita esperanza que no soy capaz de asesinar. Pero no me acuerdo de lo que había antes de ese día, de lo que llenaba este vacío. Mi querido Gigi, ya nada es lo que era, ni siquiera yo.
Ya es de noche, miro al mar, pero no regresas. Tu ausencia me duele y no aguanto, Gigi, no puedo más. La vida está vacía y no vienes a buscarme, nunca te perdonaré. ¿Por qué? ¿Por qué te has marchado? ¿Por qué no me llevaste contigo? Te odio, te odio, te odiaré siempre… Te odio y el mar está oscuro, no hay estrellas, no hay nada. El agua esta fría y me duele, pero no tanto como tú. Atrás quedan las luces de Peumayen, ella tampoco te perdona por haberte llevado la magia. Me sumerjo… Todo está oscuro y frío pero hay algo, hay algo en el fondo. Gigi, cariño, son los restos de tu barco.
No siento el agua fría, sólo la soledad en la que me dejaste, sólo siento el daño, tu daño. Quise ir a buscarte, Gigi, y ahí está tu barco, el último barco que zarpó de este puerto; no llegó muy lejos… Se hundió con los últimos sueños, con el último viento que respiramos, con la última luz que nos iluminó el camino, con el último suspiro que compartimos, con la última mirada que recuerdo, con el último “te lo prometo”, contigo… La madera tierna reposa ahora en el fondo de este mar tan frío que ya no siento. Ahí, entre los escombros, debe de estar tu cuerpo abatido con la sonrisa de aquel día, llena de paz. Te odio, Gigi, y me alegro tanto de que el destino no te haya dejado marchar, de que te matase por ello, me alegro casi tanto como de que sea yo la que ahora echa a volar… Peumayen nos obligó a quedarnos, tú lo sabías, y ahora estamos aquí, en esta agua fría donde no se cumplen los sueños. Nos mataste a los dos, Gigi, y no sé si agradecértelo o seguir odiándote por ello. Te odio, te odio, te odiaré siempre… “te lo prometo”.
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